miércoles, 30 de abril de 2014

LA CANCIÓN DEL DIOS

 
 
Soy el radiante rey de los cielos,
inundando la tierra con calor
y estimulando la semilla oculta de la creación
para que reviente en manifestación.
 
Levanto mi brillante lanza
para encender la vida de todos los seres
y diariamente verter mi oro sobre la tierra,
ahuyentando los poderes de la oscuridad.

Soy el Señor de las bestias libres y salvajes.
Corro como el veloz venado
y me elevo como el sagrado halcón
en el reluciente cielo.
 
Los antiguos bosques y tierras salvajes
emanan mis poderes,
y las aves del aire cantan mi santidad.

También soy la última cosecha,
ofreciendo granos y frutas
debajo de la hoz del tiempo,
de tal forma que todo pueda ser alimentado,
porque sin sembrar no puede haber cosecha;
sin invierno no hay primavera.

Adórenme como el Sol de la creación de mil nombres,
el espíritu del venado cornudo en tierras salvajes,
la interminable cosecha.
 
Vean en el ciclo anual de fiestas
mi nacimiento, muerte y renacimiento,
y sepan que ese es el destino de toda creación.

Soy la chispa de vida,
el radiante Sol,
el dador de paz y sosiego,
y envío mis rayos de bendiciones
para calentar los corazones
y fortalecer la mente de todos.
 
 
 

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