domingo, 1 de febrero de 2015

LA FESTIVIDAD DE SANTA BRIGIDA. Y BRIGHID, SU LEYENDA.Y TRADICIONES POPULARES

 
La festividad de Santa Brígida se celebra el 1 de febrero. Su culto nació muy probablemente debido a la cristianización de una diosa pagana relacionada con las artes y la poesía de la que debió de tomar parte de sus atributos. Santa Brígida, según las antiguas biografías, protege especialmente a los rebaños de ovejas, al ganado y a las cosechas. Los pastores de la costa del noroeste de Escocia sentían gran devoción por esa Santa, y una de las oraciones más conocidas que solían rezarle era la siguiente:
 
From rocks, from snow-wreaths, from streams,
From crooked ways, from destructive pits,
From the arrows of the slim fairy women,
From the heart of envy, the eye of evil.
 

Keep us, Holy St Bride
(Macleod, 1991: 80).
 
Los campesinos irlandeses suelen hacer cruces y cinturones de paja el día de su fiesta; los llaman ceñidores de Santa Brígida, y les atribuyen propiedades terapéuticas. En las islas Hébridas dicen que Santa Brígida protege especialmente a las mujeres que van a dar a luz. En Ulster cuando una mujer daba a luz, la partera colocaba una cruz de Santa Brígida en cada una de las cuatro esquinas de la casa. Después se detenía en el umbral y para desear buena suerte a la parturienta cantaba la siguiente plegaria:
 
Four corners to her bed, four angels at her head. Mark, Matthew, Luke and John; God bless the bed that she lies on. New moon, new moon, God bless me. God bless this house and family.
 
En las islas de Aran se solía rezar la siguiente oración antes de acostarse:
 
Brid by my lying down Brid by my rising up Brid on my every side Mary to help me On water that would drown me On fire that would burn me In the night that would distress me In the troubles of the year From tonight to this night´s year And tonigh itself.
 
Muchos fueron los dioses celtas cuyos atributos pasaron a los santos cristianos y fueron utilizados hábilmente por la Iglesia para difundir su culto. Esto es lo que sucedió con la diosa Brighid, que se convirtió en Santa Brígida sin perder del todo su personalidad de antigua diosa. En el Glosario de Cormac, compuesto alrededor del año 900 d. de C., aparece descrita como diosa de los poetas, adivinos, profetas y médicos.
 
Es pues Santa Brígida una de las santas irlandesas que más claramente sustituyó a la correspondiente divinidad pagana. También es muy significativo el hecho de que su festividad coincida con Imbolg, la celebración céltica de la llegada de la primavera.
 
Según la leyenda cristiana, Santa Brígida nació al amanecer y fue alimentada por una vaca blanca de orejas rojas, -recordemos que en la mitología céltica la vaca es un animal del otro mundo-. Además, Santa Brígida vivía en una mansión que ofrecía constantemente el aspecto de estar envuelta en llamas. Poseía también esta Santa la facultad de poder colgar su manto cuando estaba húmedo en los rayos del sol.
 
Se cuenta que Santa Brígida fue la primera abadesa del monasterio de Kildare (siglo V) en el que, según Giraldus Cambrensis (Gerald of Wales), se mantenía un fuego sagrado que nunca había dejado de arder desde los tiempos de la Santa. Diecinueve monjas se turnaban para mantenerlo encendido todos los días, y se ponía gran cuidado en que no entrara en el recinto ningún hombre, protegiéndose tras la defensa de una empalizada circular. Si algún intruso se atrevía a traspasarla, la Santa descargaba toda su ira sobre él.
 
MacCana opina que no se puede hacer una distinción clara entre Santa Brígida y la diosa Brighid, y resalta el hecho de que Santa Brígida sea la Santa más venerada después de San Patricio a pesar de que no fue una Santa evangelizadora. MacCana ve un claro paralelo entre la diosa británica Brigantia, nombre que significa «exaltada», «eminente», y la correspondiente Brighid irlandesa, relacionando a ambas divinidades con la diosa Minerva, con cuyos atributos tienen las dos muchas semejanza. De hecho, la misma raíz Brig. dio lugar al nombre de Brigantia, la diosa del pueblo de los brigantes, que vivían en el norte de Inglaterra cuando llegaron los romanos. En Birrens (Dumfriesshire) se encontró en un campamento romano una estatua de la diosa Brigantia a la que se le añadieron los símbolos de las diosas Minerva y Victoria.
Durante la Edad Media el culto a Santa Brígida se extendió por las Islas Británicas y gran parte de Europa. Incluso en España se la venera en pequeñas ermitas en Navarra y en Andalucía.
 
En la obra de Cogitosus Vita Brigitae, escrita en el siglo VII, se describe a Santa Brígida como una Santa generosa, dispuesta siempre a conceder alimentos y hospitalidad a los necesitados. Debido a esas virtudes es la santa más querida en Irlanda y todas la manifestaciones tradicionales de su culto están de alguna forma relacionadas con la producción de alimentos y la protección de la vivienda campesina. La fecha elegida para la celebración de su festividad está también conectada con las labores agrícolas de la siembra en primavera, cuando empiezan a disminuir los rigores del invierno y los días son ya claramente más largos. Aprovechando la mejoría del tiempo se inician las labores agrícolas necesarias para depositar las simientes en la tierra. Para propiciar ese buen tiempo en el ayuntamiento de Izagre (León) existía la costumbre de lo que se llamaba tocar la campana a tente nube. Actividad que efectuaban los jóvenes durante la noche de la víspera de Santa Brígida. Al amanecer, los que iban a entrar en filas ese año, los quintos, se vestían de brígidos con ropas grotescas y se ennegrecían la cara para salir después en procesión produciendo ruidos con ruecas, almireces y hierros, y pedían a los vecinos que les dieran como aguinaldo huevos, embutidos y vino.
 
En Irlanda grupos de chiquillos, los llamados Biddies, iban de puerta en puerta transportando un mantequillero, al que llamaban la Biddy, pues lo vestían con ropas de mujer, simulando que representaba a la Santa, y con ese mantequillero convertido en extraña muñeca pedían un aguinaldo a los vecinos después de recitarles la siguiente canción: Here comes Brigid dressed in white. Give her something for the night. She is deaf, she is dumb, For God´s sake, give her some. En otras regiones de Irlanda, como en los condados de Munster, de Connaught y también en algunas localidades fronterizas de Ulster, una de las principales tradiciones que se efectuaban el día de Santa Brígida consistía en ir de casa en casa disfrazados con vestiduras grotescas y transportando una rústica representación de la Santa, que solía ser una muñeca de juguete adornada con pajas entrelazadas y con cintas de colores. En muchas localidades del sur del país los hombres se vestían también de un modo estrafalario con ropas de mujer, y se ocultaban los rostros con caretas generalmente de facciones horribles.
 
Cuando se aproximaba el día de Santa Brígida, los campesinos irlandeses solían darle la vuelta a un terrón cualquiera de sus campos de labranza. Con esa acción consideraban que se favorecía la llegada del buen tiempo, que necesitaban para efectuar las labores agrícolas de la temporada. Este rito de darle la vuelta a un trozo de tierra con esa finalidad propiciatoria, tiene un origen muy antiguo pues también en Galicia y en Portugal existía la costumbre de darle la vuelta a determinadas piedras para que dejara de llover, y poder así trabajar en la labranza. Los campesinos de la localidad de Laza (Verín. Ourense) le daban la vuelta a una o dos piedras cuando aparecía el arco iris sobre los campos en los que trabajaban y empezaba a llover.
 
La referencia más antigua que nos ofrece una pista sobre los orígenes de este rito la encontramos en Estrabón. Cuenta este geógrafo que en el cabo Segres, en Portugal, había unas piedras a las que las personas que acudían a ese lugar sagrado solían darle la vuelta con el fin de solicitar un deseo. Hasta hace muy pocos años, los labradores portugueses solían darle la vuelta a unas piedras llamadas molechos cuando querían que lloviera. En la iglesia de Teampull Phadruig, en Caher Island, frente a la costa de Mayo (Irlanda), se conservaba una piedra con la que los campesinos efectuaban un rito que tenía como finalidad hacer que se terminara la buena suerte de la persona a la que se quería perjudicar. Para ello, bastaba con darle la vuelta a dicha piedra. Se creía también que con esa acción se podía igual-mente producir tormentas y huracanes y causar así destrozos en las embarcaciones.
 
 Entre los pescadores gallegos se conservó hasta mediados del siglo XX la costumbre de darle la vuelta a las tejas de determinadas ermitas costeras, creyendo que así se podía alterar la dirección de los vientos, e incluso producirlos, para favorecer el rumbo de las embarcaciones de vela. Todas estas prácticas nacieron muy probablemente debido a un antiguo culto de origen indo-europeo que se rendía a una divinidad de ultratumba. Los pescadores irlandeses también esperaban una mejoría del tiempo cuando se aproximaba la fiesta de Santa Brígida. En esa fecha era cuando se reanudaba la temporada de pesca y los habitantes de los pueblos costeros recogían algas para abonar los campos. En Galway creían que la pesca sería abundante si en el día de esa Santa se colocaba una caracola en las cuatro esquinas de la casa.
 
En toda Galicia el día siguiente al de Santa Brígida, conocido con el nombre de día de las Candelas (2 de febrero), era considerado como un preludio de la primavera; se decía que en esa fecha se casaban los pájaros, y para los pescadores también marcaba el comienzo de la navegación de cabotaje a vela, tras la larga espera invernal durante la cual las embarcaciones raramente salían de sus puertos.
 
Los irlandeses creían que Santa Brígida visitaba sus casas en la noche del día de su fiesta para bendecir al ganado y a sus dueños. Como ofrenda y refrigerio de la Santa, los más devotos solían dejarle en el alfeizar de la ventana un trozo de pan, un poco de mantequilla o algún bizcocho; incluso algunos le dejaban una gavilla de trigo para que se la comiera la vaca blanca que acompañaba siempre a la Santa. Otros dejaban una cinta, un trozo de tela o una prenda cualquiera para que la tocara la Santa al pasar. Esos objetos se guardaban después cuidadosamente pues tenían la virtud de proteger en cualquier situación de peligro al que los llevara. Pero la práctica tradicional más importante de todas las relacionadas con Santa Brígida era la confección de cruces de paja; las llamadas cruces de Santa Brígida, que se hacían con pajas entrelazadas y que adquirían formas de rombos, esvásticas y entrelazados de varios tipos que recordaban a los diseños característicos del arte celta. Los campesinos solían colocarlas en los tejados de las casas y en el interior de los establos para que protegieran al ganado. En las islas de Aran (Irlanda) estas cruces se conservaban toda la vida, lo cual era un dato importante para poder deducir la antigüedad de la vivienda debido precisamente al número de cruces acumuladas. Para confeccionar la cruces había que entrelazar las pajas de izquierda a derecha, siguiendo el sentido del desplazamiento del sol, de izquierda a derecha.
 
La antigua comunidad isleña del archipiélago de Aran contaba que el motivo por el cual el día de Santa Brígida se celebraba el 1 de febrero antes que el día de la Virgen, conocido con el nombre de María de las Candelas, era debido a que la Virgen le había concedido ese honor en agradecimiento por el comportamiento protector y de auxilio que Santa Brígida le había prestado a la Virgen cuando cierto día iban caminando juntas. So February 1st is St Brigit´s Day and the second day of February is the feast of Mary of the Candles, que es la fiesta que celebramos en Galicia con el nombre de la Candelaria; pero también es el día de la Purificación de la Virgen, que tiene lugar, según la ley mosaica, 40 días después de Navidad. Esta fiesta fue instaurada por el Papa Gelasio en el año 496 para hacer frente a las fiestas purificatorias paganas; sobre todo a las lupercalias. Pero en su aparición influyeron también otras creencias romanas relacionadas con el mito de Perséfone, o Core, la diosa griega de los infiernos, identificada en Roma con Proserpina. Las celebraciones en honor a Perséfone se efectuaban en los primeros días de febrero y en ellas se recordaba la desaparición de esta diosa. En ese mito se relata que Demeter, su madre, la buscaba desesperadamente por los caminos y los campos en compañía de un grupo de mujeres, las ménades, que portaban antorchas para alumbrarse en la oscuridad de los infiernos. Pervivencias del mundo de las sombras de la Antigüedad clásica se podían observar todavía a finales del siglo XIX en las misas que se celebraban el día de la Candelaria en Santiago de Compostela y en La Coruña. Las mujeres que habían sido madres creían que las luces de las velas que encendían ese día en las iglesias, eran las únicas luces que podían ver en todo el años los hijos que se les habían muerto sin ser bautizados y que estaban en el Limbo.


Fuente:
Fernando ALONSO ROMERO



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