miércoles, 17 de septiembre de 2014

EL DIOS CORNUDO. CERNUNNOS, LA COSECHA



 

El dios expresa:
Soy el radiante rey de las cosechas,
irrigando la tierra con calor
y alentando a la escondida semilla de creación
a abrirse en manifestación.

Elevo mi brillante arpón
para iluminar las vidas de todos los seres
y diariamente derramo mi oro sobre la tierra,
haciendo volar los poderes de la oscuridad.

Soy el amo de las bestias salvajes y libres.
 
Corro con el veloz ciervo y vuelo
como un halcón sagrado
a través del reluciente cielo.
 
Los viejos bosques y lugares inhóspitos
 emanan mi poder y los pájaros del aire
cantan a mi santidad.

Soy también la ultima cosecha,
ofreciendo mis granos y frutos
bajo la hoz del tiempo,
de modo que todos puedan ser alimentados.
 
 Sin plantar no puede haber cosecha;
sin invierno no hay primavera.

Venérame
como a los mil nombrados soles de la creación,
como al espíritu
del ciervo cornudo en el desierto
y en la interminable cosecha.

Mira en los festivales anuales mi nacimiento,
mi muerte y mi resurrección
y conoce que ese es el destino de toda la creación.

Soy la chispa de la vida,
el Sol radiante, quien da la paz y el descanso
y envío mis rayos de bendiciones
para alegrar los corazones
y fortalecer las mentes de todos.
 

El dios es la fuerza masculina, es la otra mitad de la principal energía divina conocida por los practicantes de la Wicca. Él es todo hombre, todo fertilidad, todo amor. 

 En Wicca, el dios es representado por el Sol. En el pasado, antes de descubrirse que la inclinación del eje de la tierra era la causa, se creía que las estaciones eran creadas por la variación del calor del Sol. En la actualidad en Wicca aún relacionan al Sol con la llegada de la primavera, del verano, del otoño o del invierno.


Los miembros de la Wicca celebran el cambio de las estaciones con rituales específicos. Estos “días de poder”, o aquelarres (Sabbats), ocurren ocho veces al año. Ellos marcan las estaciones, la cambiante fertilidad y los patrones climáticos de la tierra. Aunque el Sol y el dios, todavía son (simbólicamente) vistos como los generadores de estos cambios, ambas divinidades son veneradas en estos tiempos. Muchos practicantes de la Wicca identifican la comida con el dios. La comida es un producto de la fertilidad de la diosa y de la unión con el dios, es así como él es padre e hijo.
 
 
La cosecha, que tradicionalmente coincide con la llegada del otoño, es una época del sacrificio de dios “sobre la hoz del tiempo” como lo expresé en el anterior pasaje. Ésta es señalada como un ritual de la Wicca en honor a la diosa y al dios.

El practicante de la Wicca también ve a dios en el inhóspito bosque, en sus viejos árboles, en la enredada vegetación y en los indómitos animales, en particular en los animales cornudos como el venado y el toro, los cuales están vinculados con el dios. Los cuernos fueron antiguos símbolos de divinidad, por ello el dios es algunas veces mencionado como el cornudo”.

Algunos miembros de la Wicca emplean el rol de la muerte sobre el de dios, tal vez por su transición simbólica que ocurre cada otoño. Mientras el dios trae la muerte, la diosa da origen a todos los alimentos y a la fertilidad, trae nueva vida a través del fenómeno de la reencarnación.

En el pensamiento Wicca, la diosa y el dios son los seres divinos gemelos: comparados como expresiones iguales del esencial origen de todo. Este irreconocible e incomprensible origen es el que ha sido venerado dentro de todas las religiones desde el comienzo del pensamiento espiritual.

Para aclarar el principal concepto erróneo referente a las divinidades de la Wicca (brujas), unas pocas palabras son apropiadas aquí.

Los practicantes de Wicca no veneran al diablo.

Asombrosamente, ésta es una falsedad muy común promovida por los evangelistas en la televisión y resultaría absurdo si tales afirmaciones no hubieran sido la causa de muchos errores.

Los practicantes de la Wicca no son anticristianos o detractores de los cristianos. Al igual que millones de seres humanos, los miembros de esta religión simplemente no son cristianos, tampoco son individuos locos atacando a otras religiones, ni están ofendiendo a los cristianos deseosos de venerar su particular concepto del mal.
 

Los seguidores de la Wicca veneran a la diosa y al dios. Los ajenos a la religión Wicca —aquellos con algo que ganar— pueden y ciertamente lo hacen, interpretar esto en sus propios términos: “Caramba ellos no veneran al dios verdadero, ¡son satánicos!” .

Este mismo pensamiento llevó a los primeros cristianos a creer que los africanos, europeos, gente nativa de América, polinesios, aborígenes australianos y muchos otros grupos culturales que no estaban convertidos eran adoradores del diablo, porque no eran cristianos y tenían costumbres diferentes. No eran humanos. Esto originó el exterminio de poblaciones y el inimaginable concepto de la esclavitud.

Este concepto retrógrado todavía permanece vivo entre cristianos menos conscientes. Ya he discutido el peligro de asumir que una religión es el único método genuino de contactar a dios, así que no reiteraré sobre esto aquí, pero lo mencionaré para explicar por qué razón los practicantes de Wicca (y los brujos) son considerados satánicos.

Ellos no lo son. Son sencillamente miembros de una religión diferente. Muchos, pero muchos humanos han encontrado comodidad al armonizar con su concepción de lo divino, así también la han encontrado muchos practicantes de la Wicca.

Todas las religiones tienen un ideal en su mente: unir a sus seguidores con dios. La religión Wicca no es diferente.




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